Miradas frías.
Miradas hostiles. Miradas asesinas. Nuestros ojos se cruzan en un punto
en el que siento que las grapas que atraviesan la herida de mi corazón
saltan y comienza a sangrar de nuevo. No hay palabras, sólo una canción
melancólica que se repite trenzando esos segundos que parecen horas. Una
sola nota de tu voz haría que la bomba que da vida a mi cuerpo se
volviese contra mí. Mírame y haz que me derrita en tus brazos una vez
más.

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